Qué fácil sería
Y sí, a veces tenemos ganas de que las cosas sean más sencillas, de que todo eso que nos sobrepasa y nos consume, se resuelva lo antes posible, porque cuando sentís que no podes hay algo que aprieta y que no deja respirar. Por eso, esta vez, pedís que todo se termine ya, por más fácil que sea.
No es una forma de ser, tampoco una personalidad con la que nacemos, es el aprendizaje de miles de guerras. Quizás ni siquiera lo terminamos de pensar y racionar, pero es la manera en la que nos convencemos, en la que “lo solucionamos”.
No soy el mismo de antes. Hay momentos que nos van marcando y que nos van formando, caída tras caída, porque de eso se trata. Nadie nace resuelto, ni mucho menos sabiendo. La manera en la que respondemos ante la adversidad varía, nadie es igual a otro, y todos intentamos, mal o bien, superar lo que nos pasa. Pero al final, creo que todos nos curamos de la misma manera, aprendiendo. Aprendiendo a vivir con el dolor, aprendiendo que si no va, no va; aprendiendo que obstáculos va a haber siempre, y que para eso estamos acá, para superar lo que toque, como podamos, con el tiempo necesario, y con la tranquilidad de que siempre para de llover.
Estamos hechos de golpes, de momentos increíbles y de momentos que nunca querríamos repetir. Estamos hechos de personas, de desilusiones, de caídas, de lugares, de alegrías y tristezas; de altibajos, de dolor, estamos cagados a palos, y no creo que exista una mejor manera de estar hechos.
La felicidad es la cima de la montaña, pero no podemos depender de risas para escalar, porque siendo realistas, lo único que hacemos en el día a día es convivir con el dolor. Incluso (o más que nada) en los mínimos detalles.
Nos hacemos de momentos. Algunos los disfrutamos, otros nos hacen más fuertes, porque así debe ser, esa es la manera. Quizás no sea lo más sencillo, pero no se trata de vivir, sino de sentirse vivo.
“Qué fácil sería, y qué aburrido también”.
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