Te espero
Al final, queda todo en la nada. Comenzar por el fin de la historia suele ser una buena manera de atrapar, de cautivar, pero no asegura un cierre de cuentos de hadas. La ventana sigue abierta, de la puerta tenes y vas a tener siempre la llave, y las cosas que me dejé en tu casa mejor quedatelas, en cierta manera me hacen sentir cerca. Cerca tuyo, o cerca de los dos. No sé si es lo que elijo, pero es el camino más fácil.
Por algún motivo no me escribiste hoy, ni ayer tampoco, creo que me estás dejando las cosas bastante claras, pero a mí siempre me costó entender (te), o a lo mejor nunca quise hacerlo, esa es una buena opción.
Cuando te fuiste no pude reaccionar, no sé si esperabas que lo hiciera, hasta el día de hoy me lo pregunto, aunque mi vieja me dijo que el que se quiere quedar se queda sin que lo retengan, así que me quedo con eso, al menos, a modo de consuelo.
Cualquier foto duele, incluso cualquier recuerdo o momento, porque vos ya no estás. Me pareció raro que a esa charla no hayas traído al perro, después entendí todo, dos despedidas en una hubiesen sido mucho más fuertes.
Hoy salí con el celular en sonido, con el perfume de siempre y con el gorrito que vos me regalaste, creo que en el fondo el objetivo está claro. Pero al final, como ayer, antes de ayer, y el último mes, no encontré nada.
Hasta acá llegué (hoy). Mañana quizás vuelva a salir, con el mismo gorro y el mismo perfume, por el mismo camino, pero en un horario diferente.
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